Será difícil para todos olvidar el pasado año, un año que cambió la historia, que puso nuestras vidas patas arriba y en el que un virus nos hizo sentirnos frágiles y vulnerables borrando la sonrisa de nuestras caras tras las mascarillas

Desde el 14 de marzo de 2020, con el inicio del estado de alarma, vivimos muchas situaciones que eran impensables en nuestras vidas y las personas que nos dedicamos a la enseñanza pasamos de un día para otro de clases presenciales a las telemáticas. Aprendimos rápido que nuestros chicos y chicas necesitaban a sus profes, y pusimos nuestros propios recursos tecnológicos y nuestro esfuerzo al servicio de nuestro trabajo, sacrificando incluso el tiempo de dedicación a nuestras familias. Fue la primera muestra de lo mejor que podíamos aportar: la vocación docente.

A pesar de las dificultades a que nos enfrentamos, principalmente la falta de medios de parte de nuestros alumnos, los más vulnerables, así como el uso generalizado de una plataforma para poder llevar a cabo una enseñanza online que supliese la falta de asistencia a las aulas, los y las docentes de forma silenciosa suplieron las dificultades con el entusiasmo necesario y se preocuparon por contactar a través de todos los medios a su alcance con sus alumnos/as y familias para que durante el confinamiento no dejasen de estudiar ni abandonasen el curso.

Había mucho más que la mera transmisión de conocimientos; fue una gran labor de acompañamiento. Ni que decir tiene, que se hizo palpable la frase: Ser un buen docente es algo más que tener muchos conocimientos de la materia a impartir.

Fue un trabajo enorme, digno de poner en valor, que es merecedor del mayor reconocimiento a todos/as ellos/as por parte de la sociedad y que representa, junto al sector sanitario y otros sectores esenciales, la importancia del trabajo que desarrollan los y las docentes.

Llegada la desescalada, se vaticinaba una vuelta a la enseñanza presencial que exigía la preparación de los centros para recibir a todos los miembros de la comunidad educativa. Los equipos directivos y equipos docentes se organizaron para esta labor con el objetivo de restablecer la llamada “nueva normalidad” en los centros, que hiciese posible la vuelta a las aulas con seguridad.

A inicio del curso siguiente, de nuevo, ese ejército de héroes y heroínas sin capa, con el miedo en el cuerpo porque cada día conocíamos algo distinto del coronavirus, fueron a los centros educativos, pertrechados desde casa únicamente con mascarillas, guantes y geles, cuidando las distancias y buscando la ventilación de las aulas con las ventanas abiertas hasta en los días más fríos. Y así pasaron los últimos seis meses, con la inseguridad y la incertidumbre que surgen de estar en primera línea, cerrando aulas o centros por brotes de contagios, viendo como aumentaba inexorablemente la cifra de fallecidos y contagiados, con un profesorado envejecido por la falta de oferta de plazas en las oposiciones de años anteriores.

Desde STE-CLM somos parte del profesorado al que representamos y hemos estado desde el inicio de esta crisis sanitaria a su lado, defendiendo su honor y reputación ante palabras de nefasto recuerdo de políticos que no merecen ser citados, reclamando ante la Administración la mejora de las condiciones laborales en las mesas sectoriales y juntas de personal docente, informando puntualmente de todo aquello que les atañe y ofreciéndonos para formar a nuestros compañeros y compañeras en herramientas tecnológicas y otros recursos para que pudiesen llevar a cabo de forma óptima su trabajo.

Además, el sindicato les ha asesorado en sus problemáticas generales o casuísticas personales, volcándonos en garantizar la seguridad y la salud de todos los miembros de la comunidad educativa en los Comités de Seguridad y Salud Laboral, velando por los derechos de los más débiles y vulnerables del sistema educativo; en definitiva, poniendo en valor la escuela como servicio público que hay que potenciar.

Oímos muy a menudo la frase “Saldremos de la pandemia y sin duda, seremos mejores”. Posiblemente sea así, y es verdad que la pandemia ha puesto en solfa nuestro orden social, nos ha hecho preguntarnos por los valores que sustentan nuestra sociedad, el cambio climático, la corresponsabilidad mundial, la igualdad sin distinción entre todos los seres humanos, la superación de las fronteras. Pero, lo que ha quedado claro es que hay cosas y personas esenciales, y las personas que enseñan lo son.

GRACIAS A ESTE EJÉRCITO SILENCIOSO DE VALIENTES que es el profesorado de la escuela pública. La sociedad ha de sentirse orgullosa de vosotros y vosotras.

HACEMOS LO QUE DECIMOS, DECIMOS LO QUE HACEMOS