El retroceso del rendimiento es ya una realidad generalizada en los 90 países analizados por el informe -38 miembros de la OCDE y 52 economías asociadas-, registrándose caídas simultáneas en lectura, ciencias y matemáticas. En nuestro sistema educativo, este declive resulta todavía más pronunciado: el alumnado evaluado evidencia una lectura apresurada y fragmentaria que lastra de forma severa la comprensión de textos complejos. La omnipresencia de las pantallas y el diseño algorítmico están fomentando una «delegación cognitiva» sistemática que debilita la capacidad de atención profunda, el pensamiento crítico y los procesos esenciales de aprendizaje en las aulas. Si las pantallas parecían estar detrás -aparte del COVID- en el PISA anterior, la aparición de la IA se suma y refuerza estas variables, de hecho se correlaciona negativamente el uso de chatbots con el éxito. PISA 2025 ha registrado el rendimiento promedio de la OCDE más bajo observado hasta ahora desde su creación, la proporción de «lectores apresurados» -estudiantes que recorren los textos a toda prisa y dan respuestas rápidas pero incorrectas- casi se duplicó entre 2018 y 2025. La «curiosidad» y la «perseverancia» están cayendo en todos los sistemas.

Los resultados constatan con crudeza la correlación directa e implacable entre el origen socioeconómico y el rendimiento académico: la desigualdad material es el verdadero factor que lastra el sistema educativo. Las tasas de repetición de curso anormalmente disparadas respecto a los estándares internacionales, se ceban con este alumnado con una desventaja de hasta 100 puntos respecto a la media de la OCDE -una penalización enorme si se considera que una diferencia de 20 puntos equivale a todo un curso escolar de retraso-. La brecha educativa por nivel socioeconómico de las familias (diferencias entre “ricos y pobres” e incluso “nativos y foráneos”) marca una diferencia de más de un curso escolar. Sirva de ejemplo Catalunya, que fue apartada de los análisis por dejar fuera al 23,2% de su muestra (frente al tope del 5% fijado por la OCDE), una «quita» estadística que, de haberse convalidado, habría situado sus promedios entre los mejores países del mundo. Murcia e Illes Balears -al parecer- también han sido excluidas por rebasar ese mismo límite del 5%. La polémica sobre la validez de los datos queda así servida, con una media de exclusión a nivel estatal que se sitúa en el 8%.

Frente al deterioro generalizado de los datos, los supuestos «expertos» de la OCDE recurren a la “cantinela” de siempre: culpar a la falta de preparación del profesorado en nuevas tecnologías para tapar las carencias del modelo. Cada vez que las estadísticas estandarizadas no arrojan los números esperados por los despachos, la docencia sufre el descrédito público y la postergación profesional, mientras se pasa de puntillas sobre la raquítica inversión educativa en términos de porcentaje del PIB. Resulta un ejercicio de cinismo exigir milagros académicos cuando más de 1.255.000 alumnas y alumnos (el 15,6 % del total) precisan medidas específicas de apoyo educativo y no pueden seguir el ritmo ordinario de las clases ante la falta de especialistas, recursos y atención individualizada en las aulas.

Los resultados del informe PISA 2025 no constituyen un misterio técnico ni un déficit de «competencia digital» docente como pretende justificar la OCDE, sino el síntoma de la sumisión del proceso educativo bajo la lógica de las grandes corporaciones tecnológicas (Big Tech).

Frente a la ilusión de que el software o las plataformas resolverán la brecha de rendimiento, denunciamos que los dispositivos digitales no son herramientas neutrales, sino arquitecturas orientadas al lucro y al control social. 

Alertamos de la «delegación cognitiva» y defendemos la atención profunda. El declive estructural en comprensión lectora es resultado directo del paso forzoso de la lectura lenta y sostenida al consumo fragmentario e hiperestimulado de pantallas y formatos breves. La externalización de la lectoescritura hacia modelos algorítmicos empobrece la memoria, el sentido de autoría y las conexiones neuronales que sustentan el pensamiento abstracto.

Reivindicamos la lectura pausada y pedagogías «lentas». Es urgente desacelerar los ritmos escolares frente a la compulsión de velocidad e inmediatez impuesta por el capitalismo digital. La adquisición de la competencia lectora compleja exige tiempo sosegado, silencio, concentración y una interacción sostenida con el texto que ninguna interfaz digital puede sustituir.

Recuperación de la soberanía educativa frente a Silicon Valley. La entrega de los sistemas educativos públicos a los monopolios transnacionales (Google, Microsoft, OpenAI, Apple) erosiona el control democrático de la enseñanza. Es urgente rechazar convenios y alianzas público-privadas que aten la práctica docente a infraestructuras digitales privadas sobre las que la sociedad no ejerce fiscalización.

Blindaje de la materialidad física y retorno prioritario al libro de papel. Exigimos frenar la imposición indiscriminada de pantallas en etapas tempranas e intermedias. Como evidencian las rectificaciones de países pioneros en digitalización (como Suecia o Corea del Sur), la comprensión de textos extensos y complejos se asienta prioritariamente en el soporte impreso y en la interacción física con la palabra escrita.

Inversión real en recursos humanos frente a la coartada de la austeridad algorítmica. Se requieren bajadas inmediatas de ratios, bibliotecas escolares dotadas y especialistas de apoyo a la diversidad para atender a los más de 1,2 millones de estudiantes que precisan atención individualizada.

ANÁLISIS COMPARATIVO GLOBAL DE LAS TRES ÁREAS (Lectura, Matemáticas y Ciencias) ESP frente a la OCDE en PISA 2025.

En PISA 2025, el rendimiento medio del alumnado se sitúa por debajo del promedio de los países miembros de la OCDE en las tres materias troncales, acumulando descensos tanto a corto plazo (2022-2025) como en la última década (2015-2025).

LECTURA: Representa el retroceso más agudo del sistema español. Con una puntuación media de 451 puntos, España se sitúa 10 puntos por debajo de la OCDE (461). En el corto plazo (2022-2025), la caída en España fue de 23 puntos (frente a los -14 de la OCDE), lo que equivale a más de un curso escolar completo de aprendizaje perdido. A escala decenal, el retroceso acumulado asciende a 42 puntos (frente a -27 de la media OCDE).

MATEMÁTICAS: Tras haber superado por un punto a la OCDE en 2022, España desciende a 457 puntos, quedando 6 puntos por debajo del promedio internacional (463). La pérdida entre 2022 y 2025 fue de 16 puntos en España, frente a los -9 de la OCDE, con una caída acumulada de 27 puntos desde 2015 (-24 en la OCDE).

CIENCIAS: Se mantiene como el área comparativamente más resiliente, con 477 puntos frente a los 482 de la OCDE (-5 puntos). Entre 2022 y 2025 retrocedió 7 puntos en España (frente a la estabilidad relativa de -3 puntos en la OCDE), y acumula una pérdida decenal de 15 puntos frente a los -7 de la OCDE.

Alumnado rezagado en las tres materias: El 18,4% de los estudiantes de 15 años en España se sitúa por debajo del nivel básico de competencia (Nivel 2) de forma simultánea en ciencias, lectura y matemáticas. Esta proporción es ligeramente más favorable que el promedio de la OCDE, donde el grupo de bajo rendimiento severo alcanza el 19,7%.

Déficit en niveles superiores (excelencia): Solo el 7,0% del alumnado español alcanza los niveles altos de rendimiento (Nivel 5 o 6) en al menos una de las tres materias. Esto supone una desventaja de casi 5 puntos porcentuales respecto a la media de la OCDE (11,9%), lo que evidencia una notable dificultad del sistema para nutrir perfiles de alto desempeño académico.

CIENCIAS: Existe una paridad absoluta en la media general española, donde tanto chicos como chicas obtienen 477 puntos (diferencia de 0 puntos, frente a -1 en la OCDE, con 483 las chicas y 481 los chicos).

LECTURA: Las chicas superan con claridad a los chicos tanto en España como en la OCDE. En España obtienen una media de 464 puntos frente a los 439 puntos de los chicos (una ventaja de 25 puntos para las chicas). En el promedio de la OCDE, la ventaja femenina es de 30 puntos (476 frente a 446).

MATEMÁTICAS: Los chicos mantienen una ventaja significativa. En España, los alumnos obtienen 464 puntos frente a los 450 puntos de las alumnas (diferencia de 14 puntos a favor de los chicos). Este patrón es prácticamente idéntico al de la OCDE, donde la diferencia es de 13 puntos (470 los chicos frente a 456 las chicas).

Impacto del origen socioeconómico: El estatus socioeconómico y cultural (índice ESCS) explica el 9,2% de la varianza en el rendimiento en España, frente al 11,6% en el promedio de la OCDE. Esto sitúa al sistema educativo español con una equidad socioeconómica superior a la media internacional.

Diferencia entre extremos sociales: La distancia de rendimiento entre el cuartil socioeconómicamente más favorecido y el más desfavorecido en ciencias es de 71 puntos en España, considerablemente menor que la brecha de 85 puntos promedio de la OCDE.

Alumnado académicamente resiliente: El 13,2% del alumnado en situación de desventaja socioeconómica en España logra situarse en el cuartil superior de rendimiento académico, superando el promedio de la OCDE (11,9%).

El perfil global de España en PISA 2025 se caracteriza por una mayor cohesión y equidad socioeconómica que la media internacional y una menor proporción de alumnos rezagados en las tres áreas, pero lastrado por una marcada carencia de alumnado excelente y una aceleración de la caída de competencias en lectura y matemáticas muy superior a la media de los países desarrollados.

HACEMOS LO QUE DECIMOS, DECIMOS LO QUE HACEMOS