El 77,90 % de los docentes encuestados por STE-CLM en la región considera que el exceso de jornada y el malestar docente afectan a su conciliación familiar o a su situación emocional.
Dar clase ya no es lo que era; a la jornada se ha añadido una larga lista de labores no docentes: gestión de becas, libros, transporte y comedores; implementación de protocolos de acoso, ciberbullying, convivencia o suicidio; planes de digitalización y salud; además de la recepción de comunicaciones fuera de horario y la exigencia de dominar el procedimiento administrativo para reclamaciones. El profesorado percibe que debe actuar como psicólogo, asistente social, enfermero, informático y administrativo, pese a carecer de formación y recursos para ello.
Esta carga extra resta tiempo a la preparación didáctica, cuantificada en más de 10 horas semanales. El 88% recibe notificaciones digitales fuera de su horario, lo cual impacta en su estabilidad emocional, al punto que el 79% manifiesta haber sufrido trastornos del sueño. En los equipos directivos, la situación es límite, puesto que dedican el 70% del tiempo al papeleo.
La conciliación familiar es imposible para un cuerpo estatal con mecanismos de movilidad insuficientes; necesitamos un entorno de bienestar que permita al conciliación por medio de un concurso de traslados operativo y entre tanto, comisiones de servicio, concursillos u otros. Ni siquiera los permisos y licencias aprobados en las mesas generales del funcionariado pueden aplicarse en educación al estar al frente de un aula y menores a su cargo, tampoco la formación en horario laboral.
Por otro lado, el personal interino sufre una gran inestabilidad: sin saber dónde trabajarán el curso siguiente, muchos no pueden planificar una familia ni pedir una hipoteca, viviendo cada septiembre como una “ruleta rusa”.
Que el profesorado esté cansado, con desánimo y pérdida de ilusión es la peor cosa que le puede pasar a la educación.


