La educación Primaria comparte las causas del malestar docente detalladas en el macroestudio estatal de STEs-i, pero su profesorado subraya, con especial preocupación, el constante cuestionamiento de su labor por parte de las familias. Los progenitores han dejado de ser aliados para convertirse en jueces de nuestro trabajo, generando un clima de desconfianza y un malestar crítico en los centros. Ante la conflictividad diaria, el colectivo padece una profunda desprotección por parte de la Administración y la Inspección que, desde una jerarquía ajena a la realidad de las aulas, optan por la fiscalización y el cuestionamiento profesional en lugar de ofrecer el respaldo y la orientación necesarios.

Asimismo, el estudio destaca cómo el uso temprano y desmedido de las tecnologías en el hogar está erosionando la socialización del alumnado y trasladando graves conflictos de convivencia al entorno escolar. Frente a esta deriva, la escuela debe reafirmarse como el espacio para una alfabetización digital bajo supervisión pedagógica.

Finalmente, el profesorado de Primaria clama contra su injusta clasificación en el grupo A2. Reclamamos la creación de un Cuerpo Único de Docentes para erradicar una jerarquización que carece de base pedagógica. La labor docente es igualmente determinante en todas las etapas y, por tanto, exigimos para todo el colectivo la misma consideración profesional, laboral y retributiva.

HACEMOS LO QUE DECIMOS, DECIMOS LO QUE HACEMOS