SIN MUJERES NO HAY MUNDO RURAL. SIN DERECHOS NO HAY FUTURO.

El mundo rural no se sostiene únicamente sobre la tierra que se cultiva, los paisajes que se conservan o los recursos que se explotan. El mundo rural se sostiene, fundamentalmente, sobre las personas que lo habitamos, lo trabajamos y lo cuidamos. Y en esa tarea, las mujeres hemos desempeñado históricamente un papel imprescindible, demasiadas veces invisibilizado e infravalorado.

Desde la Organización de Mujeres de la Confederación Intersindical, con motivo del Día Internacional de las Mujeres Rurales, reivindicamos que las mujeres no solo hamos contribuido al desarrollo de nuestros pueblos, sino que hemos sido y seguimos siendo protagonistas fundamentales de su riqueza, su cohesión social y su futuro.

Durante generaciones, las mujeres hemos trabajado la tierra, recogido las cosechas, cuidado el ganado, sostenido pequeños negocios y mantenido vivas las economías familiares. Al mismo tiempo, hemos asumido gran parte de los cuidados de la infancia, las personas mayores y dependientes. Un trabajo imprescindible para la sociedad que, demasiadas veces, no figuraba en ninguna nómina ni generaba derechos laborales o independencia económica.

Esta desigualdad tiene una historia que no podemos olvidar. En el campo español, durante buena parte del siglo XX, las mujeres hemos percibido jornales inferiores a los de los hombres. Aunque la igualdad retributiva obtuvo reconocimiento legal en 1970 y quedó recogida en el Estatuto de los Trabajadores y Trabajadoras de 1980, la discriminación real se prolongó durante décadas.

Aquellas mujeres no trabajaban menos, ni sus manos producían menos riqueza. Lo que valía menos era su trabajo a los ojos de una sociedad profundamente desigual.

Y aquella injusticia todavía tiene consecuencias. Según datos del Ministerio de Agricultura correspondientes a 2024, las mujeres representan aproximadamente el 32 por ciento de las personas titulares de explotaciones agrarias en nuestro país. Aunque siempre hemos trabajado el campo, continuamos encontrando obstáculos para acceder a la propiedad, a los recursos productivos y a los espacios de decisión.

Pero hablar del futuro de nuestros pueblos es también hablar de servicios públicos. La despoblación no se combate únicamente con discursos sobre las bondades de vivir en un pueblo. Se combate garantizando escuelas públicas, centros de salud, escuelas infantiles de cero a tres años, atención a la dependencia, transporte público, vivienda y oportunidades laborales. Cada servicio que desaparece supone una dificultad añadida para las mujeres, sobre quienes nos recae mayoritariamente las responsabilidades de los cuidados.

La conectividad constituye otro desafío fundamental. El acceso a internet de calidad y a una cobertura móvil suficiente resulta imprescindible para estudiar, teletrabajar, emprender y acceder a servicios. Pero estar conectadas también significa poder desplazarse, disponer de transporte público y no depender de un vehículo privado para acudir al trabajo, a una consulta médica o a una actividad formativa.

La igualdad territorial también es igualdad de género. El código postal no puede determinar los derechos ni las oportunidades de las mujeres.

Desde nuestra la Organización de Mujeres de la Confederación Intersindical, exigimos políticas públicas que sitúen a las mujeres en el centro del desarrollo rural: empleo digno, igualdad salarial, reconocimiento del trabajo agrario, apoyo al emprendimiento femenino, acceso a la tierra, corresponsabilidad en los cuidados y participación real en los espacios de decisión. Reclamamos, además, recursos suficientes para combatir las violencias machistas, especialmente en aquellos territorios donde las distancias y la falta de servicios especializados dificultan el acceso a la protección y la atención.

Defendemos una educación pública de calidad como garantía de igualdad y arraigo, porque cerrar una escuela rural no supone únicamente perder un servicio educativo: significa debilitar las posibilidades de futuro de todo un pueblo.

Este 15 de octubre no queremos limitarnos a rendir homenaje a las mujeres rurales. Queremos exigir que nuestro trabajo deje de ser invisible y que nuestra aportación a la riqueza de nuestros territorios se traduzca en derechos, autonomía económica y oportunidades.

Nuestros pueblos no necesitan mujeres obligadas a resistir. Necesitan mujeres libres para decidir quedarse, marcharse o regresar. Mujeres con derechos, con empleo, con autonomía y con voz propia.

Porque defender a las mujeres rurales es defender la vida de nuestros pueblos. Y defender nuestros pueblos exige garantizar los derechos de las mujeres.

15 de octubre 2026