En estos momentos la mayoría de las y los estudiantes nos encontramos con la “resaca” de los exámenes de enero. Ya descansados de las largas horas de estudio, los nervios antes de los exámenes, las noches sin dormir, viajes a Mercadona a por Red Bull y litros de café. Unos exámenes que desde mi punto de vista, son los más duros de todo el curso, ya que estos vienen tras un corto periodo de tiempo, justo después de las vacaciones de navidad.

Estudiando durante este periodo de exámenes muchos/as nos damos cuenta de algo que es obvio, la mala organización de estos exámenes. Unos exámenes de enero que en la mayoría de los casos, no hemos dejado todavía la maleta en el piso después de las vacaciones de navidad cuando ya tienes que coger un par de bolis y sentarte a realizar un examen.

Los exámenes de enero son inmediatamente a la vuelta del período de vacaciones donde más días festivos del año se producen; Nochebuena, Nochevieja, Año Nuevo y el Día de Reyes, lo que conlleva viajes para estar con la familia, cenas familiares, etc. Un buen número de circunstancias que hacen que el estudio sea más costoso y los/as estudiantes tengamos más distracciones para poder estudiar.

Lo que nos hace a muchos que la cuesta de enero, aparte de cargar con los gastos del piso (que no son pocos) tengamos que cargar con alguna asignatura demás para junio.

¿A dónde quiero llegar?, pues no es otro que el meollo de la cuestión, uno de los grandes problemas de las universidades de nuestro país; el Plan Bolonia.

Antes del plan Bolonia, los exámenes finales del primer semestre se realizaban a finales de enero y durante febrero, bastante más tiempo que el que actualmente nos deja este plan. Los exámenes finales del segundo semestre en junio, (que no en mayo, como es actualmente) y las recuperaciones de septiembre de toda la vida. En el plan Bolonia septiembre desaparece, siendo las recuperaciones inmediatamente después de los exámenes de mayo-junio, es decir, las recuperaciones se pasan a los meses de junio y principios de julio. Todo esto supone muchos exámenes en un tiempo muy reducido, lo que puede resultar desastroso.

Así pues se empieza antes el curso y se termina más tarde, haciendo que los dos semestres que tenemos sean más cortos y teniendo que dar la misma materia, reduciendo carreras que antes eran de cinco años en cuatro años, lo que hace que asignaturas que eran anuales ahora sean semestrales y se tenga que dar la misma materia en tan solo cuatro meses, lo que me recuerda al dicho; “la letra con sangre entra”.

Para algunos el Plan Bolonia les puede parecer atractivo al ver su escaparate; títulos con reconocimiento europeo, evaluación continua, repartir la carga mediante trabajos y exámenes parciales y clases para máximo 25 personajes, para así de este modo obtener una mejor comunicación alumno-profesor.

Pero no nos engañemos, entremos a fondo, muchos de estos propósitos no se cumplen en su mayoría; clases abarrotadas, inexistencia del reparto de trabajo (sino que con este plan se aumenta), evaluación continua según en qué casos y si el profesor lo estima oportuno .El trasfondo de este plan es poner más trabas y dificultades a aquel o aquella estudiante que su familia no puede hacer frente a los pagos de las tasas (las cuales aumentaron con la implantación de este plan) y tiene que compaginar sus estudios con un trabajo (que en su mayoría es precario) para poder estudiar cursos universitarios. Además con el plan Bolonia, se impone la asistencia a clase para poder presentarnos a examen. Lo que realmente persigue este plan es ir expulsando a todo aquel estudiante trabajador para mandarlo a una formación profesional o en el peor de sus casos (aunque el más frecuente) a la reserva de parados, donde compita con los demás por un trabajo precario para que el empresario que lo contrate hago con él lo que se le antoje.

Analizando este plan que tanto rechazo produjo entre las y los estudiantes de nuestras universidades, me hago estas preguntas. ¿Alguna vez se nos ha preguntado a los estudiantes si queremos este plan u otro?, ¿Cómo lo queremos?, ¿Cómo nos va afectar? La respuesta es un NO rotundo, ejecutan los planes como cualquier dictadura de corte fascista ejecuta a sus disidentes, no ejerciendo ninguna práctica democrática ni de consenso a la hora de aplicarlos.

Llegado este punto, es momento de ver que los estudiantes nos hemos convertido en meros clientes de otro tipo de empresas. Lejos están en esos tiempos, (si es que tales existieron) donde el estudiante universitario acudía a la universidad con la ilusión de aprender, de poner en práctica sus conocimientos, de debatir y discutir con los demás y con el debate seguir aprendiendo. Sino que por el contrario, las y los estudiantes de nuestro tiempo vamos a las universidades con miedo, con el miedo de si me queda pendiente alguna asignatura, no sé si podré seguir estudiando la carrera que tanto me apasiona, la que supuestamente (solo supuestamente) me dará salida a la profesión que me quiero dedicar de por vida. ¡ESTÁN FOMENTANDO LA CULTURA DEL MIEDO!

Viendo todo esto, estoy totalmente convencido de que la única solución factible es que las y los estudiantes despertemos de este largo letargo que nos tiene adormecidos, y nos convenzamos de que somos nosotros los que tenemos que tomar las riendas de nuestro futuro y tomar cartas en el asunto. Tomar las riendas de nuestro futuro significa tomar conciencia de que debemos pasar de ser dirigidos a ser dirigentes, construyendo democracia en los centros universitarios, debatiendo y discutiendo en favor de los intereses de los que formamos la universidad; estudiantes, profesores y trabajadores de la universidad, que para algo son los que realmente hacemos funcionar nuestras universidades.

¡CONVENZÁMONOS DE QUE NUESTRO FUTURO ESTA EN NUESTRAS MANOS!

Víctor Manuel Arias

Colectivo Estudiantil de Ciudad Real